viernes, 7 de julio de 2006

El buen cristiano rico.

Un artículo que leí sobre una familia católica que se prepara para la venida del papa me pareció deprimente. Decía: somos una familia cristiana, nos casamos por la iglesia, hemos tenido amorosamente ocho hijos, lo más importante de nuestras vidas es la fe,
Cuando en tu vida descubres que lo más importante es el amor, todo lo demás cobra sentido, vamos a gastar menos de la quinta parte que gastara la Generalitat de Cataluña para recuperar la Memoria Histórica de la II República en el altar para el Papa, podéis venir todos que no iremos desnudos, ni somos gay, ni fornicamos por las calles, y así hasta cansarse.
Y yo pensé…este hombre no tiene vergüenza. Mi familia también era católica, creada en el amor y la fe, pero seguro que usted no trabaja de metalúrgico en una fabrica, ni compra la ropa de sus hijos en el mercadillo, ni se compró la nevera al tercer año de estar casado. Mis padres tuvieron tres hijos (el sueldo no daba para mas) trabajan los dos. No despreciaban a los gays ni a los republicanos ni a los negros, fueran creyentes o no.
No obligaban a nadie a que renunciara a sus creencias o a sus no creencias. Consideraban a todos por igual ante la justicia, respetaban las formas de vida y la libertad de conciencia de cada uno. Vivieron una posguerra marcada de fatalidades y de hambre por haber coincidido su casa en la zona roja de este país, que tan bien supo asolar el dictador junto con la iglesia.
Mis padres también hubieran ido a ver al Papa, pero de igual forma hubieran ido a ver La Memoria Histórica de la II Republica. Una cosa es ser católico, creyente o cristiano, y otra pertenecer al perfil que usted cuenta y ser un inculto. Y el gasto es más que excesivo porque lo pagamos todos, los que creen y los que no creemos.

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