lunes, 7 de agosto de 2006

Adios Eduardo

Señor Marco, dice usted que se llama «verdad» al puro «consenso», aunque se trate de una «mentira consentida».Lo mismo pienso yo pero de la Iglesia y de la verdad de Cristo, Y esto es así para cualquiera que no viva con el dogma de fe que la Iglesia impone a sus creyentes, y que cada día esta mas lejos de la realidad de la vida. Si no fuera así, ustedes no estarían preocupados por sus arcas ni por su poder. Sin embargo el origen relativista proviene de la causalidad, la unión de causa y efecto y es fundamental en todas las ciencias naturales. Y le voy a poner un ejemplo.
Ayer, a pesar de no ser creyente, asistí a una celebración eucarística, como le llamó el vicario, para despedir a un párroco ejemplar y cambiarlo por otro sin motivo ni razones aparentes.
Aunque todos los que asistimos al acto sabíamos los efectos/causas que lo habían motivado. Se intento por parte de la propia institución hablar de crisis, de las crisis personales, de las del mundo en general y de que uno tenía que asumir que donde hay patrón no manda marinero. Vamos, no se lo trago nadie, allí estábamos para un fin, y no era asistir a misa, si no despedir a un amigo del pueblo que había trabajado por él con todo su corazón.
Como dijo mi amigo Rafa, ya no comulgamos con ruedas de molino, ni nos creemos la cantidad de parábolas y lecturas que no tienen sentido en este siglo de ese libro sagrado.
Por fin había conseguido el pueblo un cura que hacía su trabajo, que visitaba enfermos, que hablaba de Dios y que se mezclaba con la gente del pueblo sin criticar su forma de ser o de pensar que es lo más importante. Un párroco que en el púlpito hablaba de lo que hay que hablar y no de política, y que recuperó la parte mas joven de la iglesia que había dejado de asistir por el talante “taliban” y de extrema derecha del anterior párroco. Un párroco con mundo que ha visto las miserias humanas y que su trabajo fue recuperar parte de lo perdido con el anterior gracias a su ejemplo de forma de vida.
Bueno, la cosa no tenia remedio. La recogida de firmas fue un acto simbólico de aprecio. Solo cabía esperar entre los asistentes que el próximo párroco tenga el talante y trabaje su cargo en el ámbito que corresponde y deje la libertad de opinión y de voto a sus feligreses sin meterse con el gobierno, con el ayuntamiento o con cualquier elemento de distorsión, donde no debe inmiscuirse por tratarse del ámbito privado del creyente.
Y eso es lo que le ha faltado a la mayoría de los curas que han ocupado los púlpitos de Tibi. Discernir entre lo privado y lo público. Opinar ante todos sobre lo que es decisión privada. Intentar cambiar con su opinión las opiniones de los demás. La manipulación que la iglesia debe hacer es una guía hacia el bien social, no hacia el enfrentamiento. Debe guiar a la mejora humana y espiritual, no al voto que a uno le parece que debe gobernar.
La iglesia debe estar al margen de la política. Ocuparse de lo suyo, que también es política, pero de la otra, de la del servicio a la comunidad, de la del amor, de la de enseñar con el ejemplo como dice la Biblia.
Por eso, la gente prefiere ir a la playa que a misa. En realidad, ahí arriba solo vemos a un hombre como nosotros, que ni siquiera tiene las vivencias que el resto de los que le oímos, pero que se atreve a recomendarnos como se debe o no se debe vivir, como se debe o no educar y como se debe o no convivir con nuestra pareja. Y eso, nos lo dice un señor que ni siquiera convive ni siquiera tiene hijos y no tiene ni pajorela idea de que es un adolescente bajo tu techo. Debería ser más prudente esa Iglesia egoísta y machista al hacer ciertos comentarios y lecturas hacia sus feligreses. Donde puede herir las sensibilidades diferentes y ahuyentar a los creyentes hacia otras vías de bienestar espiritual.

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