martes, 7 de noviembre de 2006

Carta a Monseñor Martinez Camino:

Señor Martínez Camino:Que nos va a contar usted de las épocas en las que el gobierno de un país legisla según su criterio. Acabamos de pasar unos cuantos años por ese tipo de gobierno que incluso nos llevó a una guerra contra otro país, cuando nosotros no teníamos nada que ver. Y es cierto, la sociedad entera quedó a merced de unos criterios que defendía una minoría como era el círculo más cercano al anterior presidente. Por supuesto que los jueces no pueden gobernar a la Iglesia, del mismo modo que la iglesia no puede obligar a la ciudadanía a ser creyente y a tener sus dogmatismos en una escuela publica por ejemplo. Ni es quien para juzgar la evolución de las familias en cuanto a esta época ni el cambio de sexo, ni el amor entre iguales ni el tipo de divorcio del que somos libres de escoger o no.

Cada cosa en su lugar estanco, por favor. Ahora, en tanto en cuanto los miembros de la Iglesia se extrapolen y pasen la barrera de lo legal, deben ser juzgados como todo hijo de vecino, sea creyente en Jesús, en Buda o en Mahoma. No dude usted que para la educación en valores y en ciudadanía ya hay medios puestos por el propio gobierno para que la Iglesia no tenga que inmiscuirse en esos temas educativos y si así lo quiere hacer, lo haga en sus lugares de reunión y ante sus feligreses.

En cuanto a la oleada de laicismo debo decirle que es normal. Que los tiempos cambian y que muerto el dictador lo normal es que los tres poderes estén separados y a la vista de la globalidad en la que nos movemos tengamos que separar los espacios públicos de los meramente privados como se le considera a las religiones en muchos estados. No es una afrenta ni lo ha inventado este gobierno. Es a ustedes a los que no les interesa perder su status de dominación que llevan teniendo desde tantos años.

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