lunes, 1 de enero de 2007

El terror de dejar de ser.

Que difícil es mantener la ética y la coherencia en algunos casos. Es difícil sobre todo en política o cuando se juega a ser político. El espejismo de creer que está en tus manos un poder sobre los demás hace que ese resabor agridulce enganche. Esto es lo que ocurre en el ámbito político. Gente que supongo empezó por ideales, que tiene “su” idea sobre lo que es y lo que se tiene que hacer en política, cuando llegan tiempos de cambios lo pasa mal. Y lo pasa mal porque las cosas no son como uno creía, porque se había formado una idea basada en sus suposiciones y en sus creencias, pero luego se enfrenta a la realidad que ha sido decidida y concebida en reuniones y en salones en los que no se encontraba.
Aquí empieza su inquietud y su ansiedad. A querer estar y ser en todas las reuniones y en todas las cuestiones, para que no se le escape nada, para que no se tomen decisiones sin poder dar su opinión, y sobre todo, porque es mas cómodo ocupar un puesto en el partido con sueldo, que trabajar en la calle o para una empresa. Y es el momento en le que se vuelve loco el pensamiento solo de imaginar que puede que quede fuera de una lista, que su puesto de trabajo asignado a dedo se lo den a otra persona, que de un giro la vida y se encuentre con que tiene que volver al lugar de donde salio.!Que bonito es saborear la miel! ¡Que bonito parecer sin ser! Ver como los pies se despegan del suelo, ver como la idea con la que se inicio el proceso se desvanece, comprobar como vas perdiendo credibilidad y los que te seguían se difuminan y van dejándote solo.
La teoría del partido político en estos momentos se va al carajo. Eso de trabajar para la sociedad en vez de para la necesidad individual, ya no tiene sentido. La mente trabaja sigilosamente en contubernios y en como demandar a los fieles devotos los votos prometidos. Si la ciudad necesita un cambio y en ello tengo que dejar a disposición del partido mi cargo, me entra el vértigo y me niego. Al parecer nadie cae en la cuenta, que los cargos que se han ocupado durante ciertos años tienen que rendir cuentas, y que las cuentas en estos casos son negativas, si no fuera de este modo nadie pondría en cuestión si se puede o no repetir.
La sabiduría popular es sabia por si misma. Los ciudadanos pueden hacerse los locos, pero no son tontos. Para ganar una alcaldía y además, gobernarla, hay que ser y que parecer. Trabajar, tolerar, ser honrado, tener los pies en la tierra y si hay que dejar un lugar a otro compañero o compañera, hay que ser partido.
Reconocer que se ha vivido durante un tiempo con la posibilidad de solucionar problemas a otros, de mejorar la ciudad, de hacer de un espacio un lugar mejor, me parece que en la vida de una persona tiene mucha importancia.
Si uno queda tranquilo de que se hizo todo lo que se pudo, estará relajado a la hora de la despedida.
Si lo que se quería era lo material, el parecer, el aparentar, tendrá la impresión que no ha terminado lo comenzado, entonces se removerá en su lugar como un animal sin consuelo. Y Asi estamos, con ansiedad, sin conciliar el sueño, maquinando como continuar sin merecerlo. O mereciéndolo pero sin que se llegue a esa decisión.
Porque se nos olvidó que Teruel también existe. Que hay vida después de la muerte, y que se ha tenido la oportunidad única entre muchos de disfrutar y trabajar en un cargo desde el que se sirve a la comunidad. Pasa el turno ahora a otros compañeros y compañeras, (pero eso hay que asimilarlo).

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