sábado, 7 de abril de 2007

Empecemos a hablar bien

La igualdad entre los dos géneros, masculino y femenino debe comenzar desde el propio lenguaje. Tanto los hombres como las mujeres debemos esforzarnos en adecuarlo y en implantarlo en nuestra forma de hablar diariamente. Tenemos que evitar incluir un género dentro del otro al utilizar los artículos neutros plurales. Cuando hablamos de padres no lo hagamos en plural ya que la familia esta compuesta por padres y madres.
Cuando hablemos de hijos no lo resumamos por ahorrar tiempo en número si no despleguemos los hijos e hijas que tenemos en común. Al hablar de profesores por ejemplo incluyamos la palabra profesora. Esta aparente tontería, esta forma de “complicarnos la vida” a la que restamos importancia nos llevara a la igualdad en los géneros dejando paso al dominante masculino en nuestro vocabulario.
Abuelo y abuela, los y las profesionales, niño y niña, compañero y compañera y así sucesivamente debemos esforzarnos en incluir el género femenino en nuestras mentes y conversaciones. De ahí saldrán las nuevas costumbres, y enseñaremos a nuestros hijos e hijas que hay dos sexos en el mundo y que no se puede prescindir el uno del otro.
Tanto desde las instituciones, la escuela y cualquier punto formativo formal o informal deberíamos empezar a utilizar este tipo de lenguaje no sexista y no machista, para colocar a la mujer en pie de igualdad. Este esfuerzo no es baladí. “él” más “la” no es igual a “los” en la vida cotidiana. La ley de igualdad nos lleva a recuperar a la mujer como tal, con los mismos valores que el hombre. Esto es educar para el futuro.
La aceptación de la existencia de la mujer como igual nos llevara en un futuro a poder eliminar la violencia que hoy en día existe. Hay que defender y hacerse respetar en la igualdad.

¿Quien son ellos para matarnos?

Entramos en el cuarto mes del año y ya han muerto trece mujeres a manos de trece hombres. El problema viene al no resignarse el hombre a la toma libre de decisiones por parte de la mujer. No lo pueden soportar, se les va la cabeza, se drogan o sufren trastornos pero el final es el mismo. Ellas mueren y ellos lo prefieren así.
Prefieren verlas muertas antes de que vivan su vida o tomen otro camino que no sea el de servirles y ser sus esclavas. Esta escalada de terrorismo casero nadie sabe como pararla. Unos dicen que hay que denunciar mas, otros que hay que proteger mas a la mujer, que hay que endurecer las penas para dar escarmientos, que ellos deben reeducarse para no repetir, pero la realidad es que nadie tiene una solución realmente que funcione en este complejo problema.
Yo tampoco se si la tiene o no, pero si creo que se puede prevenir. La educación es primordial en estos casos. Educación tanto escolar como familiar o grupal. Se deben abordar estos problemas desde la infancia y la juventud. Que nuestros hijos entiendan que el hombre no lo es más si domina la situación y la mujer no lo es menos si no se somete a sus antojos y caprichos.
No hay que tener miedo en cortar relaciones por lo sano a la primera de cambio que se observan actitudes poco sanas. Y hay que pedir ayuda tanto a padres como a familiares si se tienen tales problemas con la ex pareja. De como tienen que actuar los hombres no voy a hablar. Llega un momento en el que se toma posición y yo prefiero hablar de los problemas de la mujer que está sometida, a los problemas freudianos y sicóticos de estos hombres que muchas veces enaltecen sus facultades en las barras de un bar y alentados por los amigotes.
Tenemos que aprender que somos iguales y no esclavas. Diferentes, SIDesiguales, NO

La desigualdad confirmada

Una cosa más para añadir a la lista de acciones discriminatorias contra la mujer. Si eres madre no puedes ni ser guapa ni representar a tu país. El estereotipo para estos concursos es encontrarse en la talla 36 ya que la 38 se considerada gordita, ser alta, con pechos rellenos, depilación láser, pómulos prominentes y dispuesta a tragar con todo. En cuanto una mujer es madre, esta casada, estudia o simplemente tiene una coherencia en su vida ya se le discrimina para poder participar en muchas cosas. Y no te digo ya si piensa por ella misma. Entonces ni siquiera se la quiere en un partido político. Y con esto no quiero decir que todas las mujeres que están en un partido político no sean capaces de pensar por ellas mismas, pero a los hechos me remito.
Una niña que fue madre temprana se ve ahora, madura por necesidad pero que perfectamente da el canon de belleza estipulados para poder concursar en la elección de la más bella de este país y se ve relegada por que es madre.
No es la primera vez que ocurre algo así, las he visto peores. He visto como para entrar a formar parte en una empresa te hacen preguntas sobre las pretensiones que tienes de formar familia. Si tienes idea de tener uno o más hijos, si esta casada hace mucho, si el piso es en propiedad y otras muchas preguntas que daría las dos piernas y cien chalets a que no se las hacen a un hombre en las mismas circunstancias.
Ese tema no mejora tanto como aparenta. Yo misma tuve que asegurar a aquel gran almacén que me habían extirpado los ovarios para que quedaran tranquilos y pudieran darme un contrato de tres míseros meses. Luego vino lo peor, pasaron los años y ya no podían hacerme un contrato fijo por ser mayorcita.
Y ya al final tuve que irme, porque era cierto Porque con aquella edad tan mala que yo tenía ya no me chuleaban ni yo tragaba tanto como ellos querían. No aguantaba los chistes verdes y les recordaba la calidad de su próstata cada vez que ellos me recordaban mi peso, (que tampoco era para tanto). Y fíjense ustedes, que a esos grandes almacenes todas las jóvenes y todos los jóvenes están loquitos por entrar, y luego loquitos por salir.
Así pues, continuamos con la no igualdad de la mujer y el hombre ya no en el ámbito laboral si no en cualquier otro.
Y si no…. ¿Porque se creen que yo estoy escribiendo esto un sábado por la mañana? -Porque mi maridito ha decidido dormir la siesta del borrego y yo no pienso mover ni un dedo ni de la casa ni del jardín hasta que no se levante del sofá.