sábado, 7 de julio de 2007

De la dictadura a la democracia.

Es una cuestión de perdida de territorio.
Quienes antaño monopolizaron la transmisión de “sus valores”, hoy critican la creación de un área formativa llamada “Educación para la Ciudadanía”. Y lo hacen con la intención de mantener la inercia de una hegemonía en la formación de valores que se sitúan en el seno de la escuela y para excluir aquellos que no forman parte de su particular interpretación.
Así estos sectores radicales se empeñan en desacreditar esta nueva propuesta como si fuese la ”formación del Espíritu Nacional” que tanto daño hizo en la dictadura de Franco y tanto le gustó impartirla a la Iglesia que entonces dominaba a toda la nación y sus ciudadanos. Seria absurdo caer en la trampa de quien pretende equiparar los valores de autoritarismo y dogmatismo, negador de las libertades, con los valores de un sistema de convivencia democrática, del que nos hemos dotado libremente los españoles.
El estado debe adoptar una actitud activa y positiva, incompatible con la entrega exclusivista a una confesión o a un partido determinado, de la formación en tales valores a todos los alumnos o a una parte de los mismos. El monopolio del Catolicismo esta llegando a su fin. La convivencia con otras religiones hace que la creencia se convierta en derecho privado de cada ciudadano y nos lleve a no tener obligatoriedad la asignatura de Religión en las escuelas públicas y también debería ser en las concertadas, porque para eso tienen el apoyo económico del estado y no el de su institución eclesiástica a la que representan.
El Estado es el garante de una convivencia social y esto se consigue con unas normas legales y con las vivencias de los ciudadanos y ciudadanas en los valores que los defienden y enriquecen tanto en el orden social como político.

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