martes, 7 de agosto de 2007

El ahogo de las hipotecas II

De pequeños nos deben enseñar que uno puede llegar hasta donde sus posibilidades y circunstancias le permitan a uno. Nunca excederse más allá, porque pasa factura y al final todo se paga.
En los tiempos que corren, donde los contratos fijos ya no son lo que eran y las necesidades que nos “hemos creado” hacen que tengamos que andar con los pies pegados a la realidad de nuestra vida.
Hay que ser pragmático en nuestras decisiones para poder avanzar poco a poco.
Con la poca experiencia que tengo frente a otras personas puedo comprobar día a día que la definición de vivienda cara se basa muchas veces en que ponemos nuestras miras en base a nuestra elusión y no en base a nuestra realidad.
Otra cosa seria averiguar porque tenemos esta realidad y no tenemos otra, pero eso no viene a cuento hoy.
Lo primero que hacemos para buscar una vivienda nueva es movernos por los barrios donde nos gustaría vivir. Muchas veces lo que nos gustaría no esta dentro de nuestras posibilidades, entonces bajamos el listón de tipo de barrio y empezamos a mirar el tipo de vivienda que nos gustaría tener.
Lo primero que buscamos es un ático. ¿A quien no le gusta un ático? Con tres dormitorios una cocina grande dos baños y una gran terraza para conseguir simular el chalet o adosado que no podemos llegar a tener en aquel barrio de ensueño cerca del campo de Golf.
Pero ese precio se nos va de las manos. Bueno, pues un segundo de tres dormitorios. Y si no, de dos….
- ¿Pero ustedes cuantos son de familia? --Ah.. yo solo, sin novia, ni quiero, con una nómina de 900 euros netos.- Ya… contesta el vendedor…
¿Con que ojo estamos mirando nuestro futuro y donde tenemos los pies cuando lo hacemos?

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