sábado, 28 de junio de 2008

Les Fogueres o como gastar la pasta del ciudadano


Estas fiestas son un espejo de lo que cada uno es y piensa tanto social como ideológicamente. Las hogueras son un monumento a la crítica constructiva y otras veces para que el criticado se percate de una vez de sus errores e intente cambiarlos. Cuando se queman se pide renovación y cambio a mejor para el próximo año. Eso mismo pido yo, pero el tiempo lo dirá. Cosas que he observado; no existe tanta crisis.
O por lo menos no para el Ayuntamiento de esta ciudad, que es capaz de hacer un gasto extraordinario en alumbrado una semana antes de las fiestas, y una semana después todavía están encendidas las luces de todas las calles y barrios con su consabido gasto. Seguro que los ciudadanos lo hubieran entendido si no hubiera sido así.
Otro detalle sin importancia: todos los días que hemos disfrutado del sonoro ruido de la mascletá, los coches oficiales aparcados junto a la plaza de los Luceros, han estado todo el tiempo con el motor encendido y el aire acondicionado en marcha, para que sus señorías cuando volvieran al coche no se lo encontrasen calentito y el volante ardiendo como el resto de los humanos. ¡Che, invito yo con mis impuestos!
Y como siempre, ese grupo municipal de la oposición. Esos compañeros que tanto criticaron a los anteriores por no salir del racó municipal, se han superado por su renuncia a compartir mesa y mantel con aquel al que esperan un día sustituir más de uno o una. Gracias por haber compartido las fiestas con los ciudadanos y con los afiliados visitando sus barracas y sus racós, mezclándose con ellos y escuchando sus peticiones, opiniones, y consejos. Gracias por no haber sido como los demás y no hacerle el culo gordo al señor Alperi. Así es como el PSPV se acerca a la ciudadanía. Así es como da ejemplo y marca la diferencia.

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